Grecia - Friedrich Hölderin
GRECIA
Ojalá te hubiera encontrado a la sombra de los plátanos,
donde fluyó el Iliso entre las flores,
donde los jóvenes ensoñaron con la fama,
donde Sócrates conquistó corazones,
donde Aspasia paseó entre mirtos,
donde el clamor de la alegría fraternal
reverberó sobre el ágora vibrante,
donde mi Platón creó paraísos,
donde sazonaron la primavera cantos solemnes,
donde los torrentes del entusiasmo
se precipitaron desde la sagrada montaña de Minerva,
en homenaje a la protectora,
donde en incontables dulces horas de poesía,
como un sueño de dioses, se consumió la vejez;
ojalá, amigo, te hubiera encontrado entonces,
como hace años mi corazón te halló.
¡Ay, de qué distinto modo te habría abrazado!
Me cantarías los héroes de Maratón,
y el más bello entusiasmo
brillaría en tu mirada embriagada,
sentimientos de victoria rejuvenecerían tu pecho,
y tu espíritu, ceñido de laurel,
no sentiría el lóbrego sofoco de la vida
que apenas mitiga un hálito de la alegría.
¿Se ha ofuscado tu estrella del amor?
¿Y la dulce luz rosada de la juventud?
Ay, con las horas áureas de la Hélade danzando en derredor,
no sentiste el flujo de los años;
eternos, como el fuego de las vestales, ardían
coraje y amor en cada corazón,
como el fruto de las Hespérides prosperaba
allá eternamente el dulce deseo de la juventud.
Ay, en aquellos días mejores,
no habría palpitado en vano, tan fraterno y generoso
tu corazón querido por un pueblo
al que lloramos de gratitud.
¡Aguarda, llega sin duda la hora
que separa del cepo lo divino!
¡Perece! En esta esfera terrestre,
noble espíritu, en vano buscas tu elemento.
Ática, la heroína, ha caído.
Allá donde reposan los viejos hijos de los dioses,
en la ruina de los marmóreos palacios,
ahora solo guarda el duelo la grulla solitaria;
sonriente desciende la primavera graciosa,
pero ya no se encuentra más con sus hermanos,
en el sagrado valle del Iliso,
dormitan bajo escombro y zarzas.
Me tira aquel país mejor,
añoro a Alceo y Anacreonte,
y preferiría dormir en angosta tumba,
junto a los santos en Maratón.
Ay, sea esta mi última lágrima
vertida por la sagrada Grecia.
Oh Parcas, haced sonar las tijeras
pues mi corazón pertenece a los muertos.
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